En los Centros Fundación Rafa Nadal seguimos impulsando actividades que van más allá del deporte, poniendo el foco en el bienestar emocional de los jóvenes.
En esta ocasión, en el Centro Fundación Rafa Nadal de Valencia hemos llevado a cabo una dinámica deportiva y educativa centrada en la reflexión sobre el bullying y la importancia de la autoestima y la empatía.
La actividad comenzó de una forma poco habitual. Justo antes de iniciar las pruebas deportivas, entregamos a cada participante un papel con una frase negativa, como “vas a estar solo siempre”, “no sirves para nada” o “nadie te quiere”, que leían en silencio y guardaban consigo. Esta acción se repitió en varios momentos a lo largo de la sesión, intercalada con distintos retos deportivos.
Desde el diseño de la actividad, el equipo educativo tuvo en cuenta la importancia de crear un marco de seguridad emocional. Aunque las frases se entregaban sin explicación previa, se trataba de una experiencia cuidadosamente guiada, en la que posteriormente se generaba el espacio necesario para comprender lo vivido y poder gestionarlo de forma adecuada. El objetivo era trabajar la empatía y que los participantes pudieran acercarse, de forma controlada y sin situaciones de violencia real, a lo que puede sentirse cuando se sufre bullying.
A lo largo de la actividad se pudo observar cómo estas frases iban teniendo un efecto progresivo en los adolescentes, de forma similar a lo que ocurre en situaciones de acoso escolar, donde los mensajes negativos repetidos van calando poco a poco.
Algunos niños y niñas que al inicio de la sesión estaban más enérgicos y participativos, con el paso del tiempo y la acumulación de frases se mostraban más desconcertados, más reservados y con menor energía durante los ejercicios.
A simple vista, la sesión continuaba con normalidad, pero cada participante iba acumulando esas frases consigo y gestionándolas en silencio. No compartían sus emociones con los demás, se mantenían callados como sucede en situaciones de acoso.
al finalizar, nos reunimos en círculo para compartir la experiencia. Fue entonces cuando surgieron las reflexiones: muchos expresaron que no les había gustado leer esa frase, que les había hecho sentir mal o incómodos.
A partir de ahí, el educador guió una conversación clave en la que se explicó cómo los mensajes negativos repetidos pueden afectar directamente a la autoestima y al bienestar emocional, especialmente en contextos de bullying. Y cómo el silencio se convierte en el mayor aliado para esta lacra.
Los jóvenes comprendieron la importancia de cuidar cómo hablamos y cómo tratamos a los demás, así como también el modo en que nos hablamos y nos tratamos a nosotros mismos. Y además, se dieron cuenta de lo importante que es expresar sus emociones y de alzar la voz ante situaciones de acoso.
Fuente https://www.fundacionrafanadal.org/
