El Museo del Prado presenta “El universo del artista ante la cámara”, una exposición que explora cómo la llegada de la fotografía en el siglo XIX transformó la manera de representar, documentar y proyectar la identidad del artista y sus espacios de creación.
La muestra reúne retratos individuales y de grupo, vistas de los estudios de artistas, así como imágenes que documentan distintas fases del proceso creativo, ofreciendo un mapa visual del artista en su taller, o en escenarios alternativos de creación. El proyecto consolida la atención del Prado a la fotografía tras iniciativas recientes como “El Prado multiplicado. La fotografía como memoria compartida”.
Desde 2009, la sala 60 del Museo del Prado funciona como un espacio vivo para los fondos del siglo XIX y, en 2026, adopta la denominación Almacén abierto, marco en el que se inserta “El universo del artista ante la cámara”. A lo largo de estos años, el ámbito ha albergado monografías dedicadas a artistas como Aureliano de Beruete, Miguel Blay, Rogelio de Egusquiza, Antonio María Esquivel, Federico y José de Madrazo, Jenaro Pérez Villaamil, Francisco Pradilla, Eduardo Rosales o Joaquín Sorolla; ha ofrecido miradas técnicas sobre procedimientos como la acuarela o la estampa japonesa; ha presentado proyectos vinculados a donaciones —como la de Rudolf Gerstenmaier— y ha desplegado enfoques temáticos que han abordado, entre otros, la pintura religiosa o el retrato infantil. En ese contexto, la nueva exposición articula un recorrido que sitúa la fotografía en el centro de la experiencia del artista y su entorno creativo.
La llegada de la fotografía ofreció la posibilidad de fijar escenas con gran precisión y realismo. Los artistas posaron ante la cámara, solos o en grupo; registraron sus talleres y documentaron tanto el proceso como la culminación de sus obras. El retrato —uno de los primeros géneros asumidos por el nuevo medio— funcionó como afirmación de identidad y estatus a través de poses meditadas, atributos significativos e indumentarias asociadas al oficio. La expansión social de los estudios fotográficos en la segunda mitad del siglo, a menudo ubicados en plantas altas con grandes ventanales para aprovechar la luz natural, impulsó la aparición de formatos como la carte de visite, la tarjeta promenade o la tarjeta París para el retrato individual, mientras que las composiciones de grupo encontraron en soportes de mayor tamaño el vehículo idóneo para escenificar pertenencias y celebraciones.
La muestra reúne obras de profesionales reconocidos junto a imágenes de autoría desconocida y posible carácter amateur, en su mayoría procedentes de archivos de artistas como Luis y Federico de Madrazo, Dióscoro Puebla, Rafael Rocafull, Cecilio Pla, Agustín Querol, Miguel Blay, Fernanda Francés o Manuel González Santos Ese conjunto permite adentrarse en el estudio como un espacio cargado de valor simbólico donde convergen la observación, la enseñanza y el intercambio, y también seguir al artista en otros escenarios de creación que se convierten en prolongaciones del taller, desde el célebre atelier de Mariano Fortuny en Roma hasta el evocador patio de las Doncellas del Real Alcázar de Sevilla.
El recorrido destaca, entre otras, la vista del estudio de Federico de Madrazo en Madrid (Alfonso Roswag, 1893), la documentación del modelado del frontón de la Biblioteca Nacional por Agustín Querol (atribuida al Conde de Polentinos, 1902) y la escena de Mariano Benlliure junto al escritor Federico García Sanchiz en el taller del escultor (Cristóbal Portillo, 1932). La exposición presta especial atención a la presencia femenina en estos ámbitos, con el retrato de María Luisa de la Riva en su estudio parisino, la pintora Fernanda Francés y las alumnas de Cecilio Pla, entre ellas Carolina del Castillo; y se detiene en fotografías que registran las etapas de creación de una misma obra, como la escultura dedicada a Mariano Moreno, encargada a Miguel Blay en 1909 y documentada a lo largo de 1910.
Asimismo, la exposición configura una cronología material que permite seguir la evolución de técnicas y soportes: de los papeles albuminados y los retratos en formato carte de visite o tarjeta París, a procesos como el platinotipo, el ferrotipo, el autocromo o las copias a la gelatina. La diversidad de procedimientos no solo dialoga con la multiplicidad de autores y situaciones representadas, sino que también da cuenta de las transformaciones tecnológicas y estéticas que, desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX, redefinieron la manera en que los artistas construyeron y proyectaron su imagen y su universo creativo.
Fuente: https://www.museodelprado.es
