Con ocasión de la Conferencia titulada «El aumento de los delitos forzados: Cerrando una brecha de seguridad», que concluyó ayer en Viena, la Misión Permanente de la Santa Sede ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) expresó la necesidad de que los Estados adopten acciones decisivas y coordinadas contra la trata de seres humanos: «Reconociendo a las víctimas como personas que necesitan protección y justicia».
Los Estados deben adoptar acciones decisivas y coordinadas contra la trata de personas en todas sus formas. La Misión Permanente de la Santa Sede ante la OSCE reiteró enérgicamente este punto en un mensaje de bienvenida a la XXVI Conferencia de la OSCE contra la Trata de Personas, titulada «El aumento de los delitos forzados: Cerrando una brecha de seguridad», que concluyó ayer en Viena.
No agravar el sufrimiento
«Las víctimas», sostuvo la delegación de la Santa Sede, «a menudo mujeres, niños, migrantes, refugiados y personas en situación de extrema vulnerabilidad, están más expuestas al riesgo de ser obligadas a participar en actividades delictivas y, posteriormente, tratadas como delincuentes, lo que agrava su sufrimiento en lugar de ser reconocidas como personas que necesitan protección, apoyo, asistencia y justicia».
Nuevas formas de esclavitud
Citando a León XIV, la delegación reiteró el llamamiento urgente para abordar y «poner fin a un crimen tan grave como la explotación de quienes ya han sufrido las consecuencias de la guerra, el desplazamiento y la pobreza». Asimismo, advirtió que, especialmente en los últimos años, «están surgiendo nuevas formas de ciberesclavitud, en las que las personas son atraídas a redes en línea y obligadas a participar en estafas financieras y otras actividades delictivas».
Tres prioridades
La Santa Sede ha identificado tres prioridades para que la OSCE combata de manera integral la trata de personas: «Primero, debe observarse el principio de no punibilidad para garantizar que las víctimas no sean castigadas ni procesadas injustamente por actos que puedan haber cometido como consecuencia directa de la trata. Segundo, reorientar las políticas de migración y seguridad hacia una perspectiva centrada en la protección. La experiencia demuestra que cuando los casos de trata se abordan principalmente desde la perspectiva del control migratorio, es menos probable que las víctimas sean identificadas y más probable que sean detenidas o deportadas. Por último, fortalecer la prevención y las alianzas. El marcado aumento de los delitos forzados en toda la región de la OSCE, incluido el fraude cibernético, subraya la necesidad urgente de que los Estados aborden las causas profundas de este problema: la exclusión social, el desempleo juvenil y las vulnerabilidades digitales».
Fuente: https://www.vaticannews.va/
