Sonia Olea Ferreras es una de las ponentes en las Semanas Sociales de Málaga este 2026., que se celebran los días 7, 14 y 21 de mayo en el CESET San Pablo. Su ponencia abordará la Doctrina Social de la Iglesia en relación a la vivienda, que es el tema central de las jornadas.
Sonia Olea es miembro del Equipo de Incidencia Política de Cáritas Española, experta jurista en Derechos Humanos, colectivos y de la naturaleza con más de 35 años de experiencia, y ha participado en grupos de trabajo nacionales, europeos e internacionales centrados, especialmente, en el derecho humano a una vivienda adecuada.
La vivienda aparece ya en el Informe Foessa como el principal motor de exclusión social, una exclusión que afecta a cerca de 9 millones y medio de personas ya en nuestro país. ¿Cómo pasa la vivienda de ser un derecho a ser un activo financiero y, por tanto, un factor de empobrecimiento para muchos?
La vivienda nunca ha sido un derecho humano en España. Sí que es cierto que en los años 70 ratificamos el Tratado Internacional que incluye ese derecho humano a la vivienda, pero realmente en nuestro Estado, empezando por la Constitución, que no lo considera un derecho sino un principio rector de políticas públicas, nunca ha sido un derecho. Desde los años 50, en que empezamos con ese modelo de propiedad de la vivienda, esta es una inversión económica, uno de los grandes aportes a nuestro producto interior bruto. Nunca ha sido mirada en políticas públicas como un derecho humano. Es verdad que ha habido un trabajo enorme de las entidades del Tercer Sector, y sobre todo de las personas afectadas (en movimientos como la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, Stop Desahucios y, sobre todo, los sindicatos de inquilinos) que están forzando a que la vivienda sea un derecho, y Cáritas lleva trabajando fuertemente en ello desde 2015, colaborando con Naciones Unidas y con otros espacios. Hablamos, en nuestro país, de un bien de consumo accesible; y ya ni siquiera eso. Porque estamos viendo ahora a tantísimas personas que no pueden acceder al disfrute de una vivienda.
Luego está la infravivienda. Dicen los datos que más de 5.5 millones de hogares no cuentan con las condiciones adecuadas de salubridad, espacio… Y frente a eso, grandes capitales como Málaga, con incontables apartamentos turísticos, nómadas digitales con sueldos superiores a los de los habitantes y un evidente problema de gentrificación. No basta con tener un techo… ¿verdad?
Eso es lo primero que explicamos los que acompañamos estas situaciones de vulneración de derechos humanos. Lo que es la fundamentación de la dignidad -de la vida humana digna, que tanto se ha trabajado por las instituciones de la Iglesia desde finales del siglo XIX a todo este siglo, y más con el pontificado de Francisco, que ha insistido en eso de pan, techo y trabajo– se une ahí con lo que Naciones Unidas explica que es el derecho humano a una vivienda adecuada: que no es tener las llaves de una vivienda o tener un techo que nos cubra, sino con qué condiciones vivimos en ese techo, cuánto nos cuesta poder mantenerlo y sostenerlo y qué entorno hay alrededor de ese espacio físico. Podemos tener un techo pero vivir en absoluta indignidad porque no tiene los requisitos adecuados o estamos viviendo de manera hacinada. Desde Cáritas tenemos la experiencia de que, terriblemente, en los últimos años ha aumentado el porcentaje de vivienda sin condiciones dignas, insalubre, y también la cantidad de personas que viven de manera hacinada o en habitaciones: personas maduras, ancianas, niños, niñas y adolescentes. ¡Cuánto se aleja esta realidad de esa “casa” de la que nos hablaba Francisco, de la que también ya nos ha hablado el papa León en su exhortación apostólica Dilexi Te en referencia a las situaciones estructurales de pobreza! Es tremendo. Ya en 2008, justo cuando empezaba la gran recesión económica y la vivienda vino a llamar a nuestra puerta y nunca más se fue, Cáritas hizo una campaña que decía: “No tener hogar es mucho más que estar sin techo”. Creo que eso define la complejidad de la relación entre lo material y la dignidad del ser humano.
Cáritas destaca, desde hace tiempo, que el tener un trabajo ya no exime del riesgo de exclusión social. Y como solución habitacional, el alquiler, con la subida de precios, acaba siendo una trampa que se perpetúa en el mejor de los casos.
Si hablamos del mercado privado, según datos de las Naciones Unidas, la vivienda es el bien de inversión legal más potente que hay en el mundo. Por tanto, estamos hablando de que siempre va a producir muchísimas ganancias. Nosotros decimos que lo que necesita la gente que acompaña Cáritas es una vivienda pública de alquiler, al que las personas en situación de exclusión puedan tener acceso. Porque ahora tenemos una vivienda protegida pública que exige unos ingresos económicos y unas nóminas de referencia enormes. Y las personas que acompañamos en Cáritas son personas con una gran dificultad, o que están trabajando pero sin suficientes ingresos para acceder al mercado privado, pero tampoco a la vivienda protegida. Nuestro reclamo es una vivienda social que, por supuesto, solo puede ser de alquiler. ¿Por qué? Porque cuando las personas tengan un acceso a otros tipos de vivienda (protegidas, vivienda pública o ya sea en el mercado privado, en propiedad o en alquiler), esas puedan ir rotando. Lo que no debería suceder es que un país que ha invertido miles y miles de millones de euros en vivienda pública, como hizo España desde los años 50 hasta principios de los 90 del siglo pasado, no tenga parque de vivienda pública porque se ha privatizado. Es fundamental que haya una vivienda social disponible para las personas que lo necesitan cuando están en situaciones de desprotección social. Y por supuesto una vivienda de emergencia, que tampoco existe, de la que los ayuntamientos puedan disponer en situaciones complicadas.
En su participación va a tratar sobre cómo la Doctrina Social de la Iglesia permite abordar este y otros asuntos relacionados, ya que son diversos los factores que contribuyen a la exclusión. ¿Qué luces nos aporta?
La Doctrina Social de la Iglesia, nos lo dice Francisco en Evangelii Gaudium, es tomar la Biblia, la Palabra de Dios, sobre todo los Evangelios, y ponerlo al lado de la realidad que estamos viviendo, la realidad económica, la realidad social; qué le pasa a nuestros hermanos y a nuestras hermanas, vengan de donde vengan, piensen lo que piensen, tengan la opción de vida que tengan. ¿Qué le dice el Evangelio a esa realidad? ¿Qué dice la Palabra y el proyecto del Reino de Jesús de Nazaret a esas personas que viven en la calle, a esas que especulan con la vivienda, a esas que construyen vivienda solamente pensando en la ganancia? La meta es la economía social, la economía a la luz del Evangelio, que aporte a la sociedad y a una casa común donde todas y todas vivamos dignamente. Yo creo que esa es la reflexión que tenemos que hacernos el 14 de mayo. Para mí, la cuestión fundamental es qué mensajes podemos lanzar a la comunidad cristiana y qué mensajes podemos lanzar a la sociedad, desde esas propuestas que vienen del Evangelio y que, a través de la Doctrina Social de la Iglesia, se transforman en luz para la realidad social que se vive. Con el tema de la vivienda, como con todos los temas que tienen que ver con los derechos humanos, el mensaje es evidente: cómo podemos ayudarnos de lo que nos dice el Evangelio, de lo que nos dice la Palabra de Dios y de lo que nos dice la DSI; cómo puede eso ayudarnos a que nos demos cuenta de que el sistema económico nos está metiendo por los ojos que la vivienda es un bien de inversión; y, desde el punto de vista de lo que Jesús de Nazaret nos diría (que ya nos lo dice el Antiguo Testamento): que ningún ser humano puede vivir sin un hogar, y que para vivir con plenitud nuestra vida de hijos y hijas de Dios tenemos que tener un lugar, un hogar, un sitio donde nos sintamos seguros y queridos. Creo que ahí la comunidad cristiana se tiene que sentir interpelada. Hay Cáritas diocesanas que hacen campañas para que la comunidad católica no tenga pisos vacíos, para que llegue a acuerdos de alquileres que las personas puedan pagar, no solamente para obtener ganancia (una ganancia lógica y equilibrada, no una especulación). El día de mi conferencia, el 14 de mayo, Cáritas de Málaga estará participando en el recuento de personas sin hogar en Málaga. ¿Qué diría Jesús de Nazaret cuando estuviera haciendo un recuento de personas sin hogar en Málaga? Esa es la pregunta.
¿A quién invitaría a asistir sin falta a estas Jornadas de las Semanas Sociales?
Si pudiera tener allí y hacer un diálogo con ellas, invitaría sin dudarlo a personas en situación de calle, a personas que viven en alguna de vuestras barriadas, que viven en infraviviendas o hacinadas, a jóvenes que no pueden irse de casa de sus padres, a personas que van a ser desahuciadas… Sin duda, para mí sería fundamental que estuvieran, porque es la realidad a la que le ponemos la luz del proyecto del Reino de Dios, de paz, de justicia, amor, libertad. Y, por supuesto, me encantaría que estuvieran las personas que proyectan la ciudad, que invierten en esas viviendas, desde los que las sueñan y las diseñan a los que las ejecutan y ponen el dinero. Del ámbito privado y también del público. Y, por supuesto, sé que no tengo que pedirlo porque estarán: toda la Iglesia, todo el pueblo de Dios, desde las comunidades más pequeñas hasta nuestra Iglesia institucional.
¿Y para qué te gustaría que sirviera esta aportación que se hace desde las semanas sociales?
De las Semanas Sociales, me gustaría que salieran con conciencia de la cantidad de fake news sobre la vivienda que circulan y con conocimiento de qué es lo que está pasando con la vivienda desde diferentes puntos de vista. De mi aportación, me encantaría que salieran reconociendo que para las personas que seguimos a Jesús, que queremos cambiar el mundo y a los que no nos gusta este sistema en el que vivimos, la vivienda no es un objeto de consumo, no es un bien de inversión, sino que es algo totalmente necesario para vivir con la dignidad que Dios quiere de nosotros. Para mí, ese cambio de mentalidad, que no se va a producir en estas semanas porque necesita mucho tiempo, se expresa en cosas muy concretas.
Fuente: https://diocesismalaga.es/
