Al caer la tarde, el Estadio de Gran Canaria se transformó en un lugar eucarístico. León XIV presidió allí la Misa de la Vigilia del Sagrado Corazón de Jesús en la que fue una liturgia con aderezo canario que se recordará: el bucio guanche, el tambor, el Arrorró y la indumentaria tradicional de las islas de la provincia se entrelazaron con peticiones en cuatro lenguas y banderas de distintos rincones del mundo. Antes de despedirse rumbo a Las Palmas, el Papa dejó un deseo: «Que crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor».
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