Estefanía Martín Vega, vocal de un distrito de Sevilla, recibió ayer una pedrada en la cabeza de un energúmeno al grito de ¡puta de Vox!.
Esta agresión parece en parte fruto de la campaña de incitación al odio y en algunos casos hasta la violencia del tercer partido de España, que es VOX, con 4 millones de votos en las últimas elecciones generales. VOX es un partido cuyos valores democráticos son enormemente incómodos para el sistema partitocrático y para los medios de comunicación en general.
Además, son ya muchas las mujeres de vox agredidas por hombres e ignoradas por la izquierda que ponen seriamente en duda la sinceridad de la defensa de lzquierda política y mediática de la violencia contra las mujeres. Una sincera defensa de la violencia contra las mujeres no puede encontrar excusas como la de “provocar” por el hecho de ser de un partido con ideas bastante más democráticas que las de la izquierda como es VOX. En un Estado democrático, la violencia no puede justificarse nunca y en ningún caso, aunque menos aún se debería incitar al odio y a la violencia política contra ningún partido por sus ideas.
Parece fácil pensar que si la agredida hubiese sido de Podemos y el agresor hubiese sido de Vox posiblemente habría tenido una repercusión mediática extraordinaria. Pero como ha sido una mujer de Vox la agredida, el silencio mediático es realmente atronador y vergonzoso.
