La exposición “El Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida” analiza esta disciplina como herramienta clave en la difusión de las colecciones del museo y en la construcción de su memoria visual desde el siglo XIX.
A través de una cuidada selección de 44 obras, la muestra pone en valor una colección de más de 10.000 fotografías de gran relevancia patrimonial, un conjunto en constante crecimiento que refleja el interés que el estudio de esta práctica artística suscita en la sociedad.
La exposición se integra en el programa Almacén abierto —dedicado a la presentación de las colecciones del XIX en la sala 60—, que desde 2009 abarca muestras de pequeño formato que abordan múltiples perspectivas artísticas y técnicas con obras que, por espacio o motivos de conservación, no siempre están expuestas.
Desde 2009, la sala 60 del Museo del Prado se ha consolidado como un espacio dedicado a la presentación de las colecciones del siglo XIX, permitiendo el desarrollo de proyectos expositivos de pequeño formato que abordan múltiples perspectivas artísticas y técnicas. En este contexto, “El Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida”, comisariada por Beatriz Sánchez Torija, de la Colección de Dibujos, Estampas y Fotografías, supone un nuevo paso en el reconocimiento de nuevas disciplinas artísticas al otorgar a la fotografía un protagonismo pleno, en consonancia con la importancia que esta ha adquirido tanto en el ámbito museístico como en la sociedad contemporánea.
Al igual que el grabado o la litografía, la fotografía posibilita la obtención de múltiples ejemplares de una misma obra, pero añade una capacidad singular de representación precisa de la realidad. Esta cualidad la convirtió, desde sus inicios, en el principal medio para la difusión de las colecciones del Prado y en un registro de memoria fundamental para documentar tanto las obras como los espacios y prácticas museográficas de cada época.
Las fotografías de reproducciones artísticas constituyen el núcleo más numeroso de la colección fotográfica del museo. Su análisis ha servido como base para articular el discurso expositivo, que presta especial atención a la materialidad de los propios objetos fotográficos y a los usos que tuvieron durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Copias a la albúmina, al carbón o a la gelatina y reproducciones fotomecánicas en formatos estandarizados como las cartes de visite, las tarjetas estereoscópicas, o las postales -entre otros- ilustran la evolución técnica y funcional de la fotografía aplicada al arte.
La muestra permite recorrer visualmente espacios emblemáticos del museo, como la Galería Central, junto a otros ámbitos monográficos como la sala de Murillo o la galería de escultura. Estas imágenes no solo poseen un alto valor documental e histórico, sino que revelan aspectos hoy desaparecidos del Prado, como la disposición abigarrada de las obras, el mobiliario, los sistemas de calefacción o la presencia ocasional de visitantes y trabajadores en unas salas que, en los primeros tiempos de la fotografía, solían aparecer desiertas.
El proceso de fotografiado de las obras del museo comenzó de manera sistemática en la década de 1860. Las limitaciones técnicas de los primeros procedimientos obligaban, en muchos casos, a trasladar las piezas al exterior para aprovechar la luz natural. Una vez obtenidos los negativos, los fotógrafos producían positivos en distintos formatos estandarizados que podían ser comercializados, lo que favoreció una amplia circulación de imágenes del Prado tanto entre el público general como entre especialistas y coleccionistas.
Compañías y fotógrafos de referencia como Juan Laurent, José Lacoste, Braun, Moreno, Anderson o Hanfstaengl desempeñaron un papel esencial en la difusión de la imagen del museo y de obras maestras como La rendición de Breda de Velázquez. Algunas de estas fotografías fueron realizadas incluso antes de que las obras ingresaran en el Prado o con motivo de su participación en exposiciones nacionales, aportando así un valioso testimonio de su historia material y expositiva.
A comienzos del siglo XX, la generalización de la tarjeta postal supuso un nuevo impulso a la difusión de las colecciones. Gracias a técnicas de impresión como la fototipia, estas imágenes se popularizaron y permitieron que el Prado alcanzase una dimensión verdaderamente internacional, consolidando la fotografía como un puente entre el museo y la sociedad.
“El Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida” invita, en definitiva, a reflexionar sobre la fotografía no solo como vehículo de difusión, sino como patrimonio en sí mismo: una colección que documenta la historia del museo, transforma la forma de mirar sus obras y amplía, a lo largo del tiempo, el alcance cultural del Prado.
Fuente: https://www.museodelprado.es/
