El conjunto más valioso de las esculturas clásicas que atesora el Museo del Prado procede de la colección que reunió la reina Cristina de Suecia en Roma, tras ser adquirida posteriormente por Isabel de Farnesio e incorporada a las colecciones reales españolas.
Piezas de época helenística, copias romanas de originales griegos, retratos, bustos imperiales, esculturas barrocas que integran fragmentos antiguos originales… incluso un ejemplar del tratado de pintura de Leonardo da Vinci dedicado a la soberana, se reúnen en la nueva presentación de la sala 74 del Edificio Villanueva.
En torno a esta propuesta expositiva, el Museo Nacional del Prado y la Embajada de Suecia en España han organizado un programa conjunto de actividades que abordará el legado de Cristina de Suecia desde diferentes ámbitos del conocimiento. Participarán, entre otros, el escritor Theodor Kallifatides, la ilustradora Liv Strömquist, la astronauta española Sara García Alonso y el astronauta sueco Christer Fuglesang.
Los cuatrocientos años del nacimiento de Cristina de Suecia ofrecen la oportunidad de revisar el legado de una soberana que hizo del conocimiento y de las artes una parte esencial de su vida. Estudiosa, coleccionista y amante del teatro, la música y la ciencia, tras su abdicación y posterior establecimiento en Roma convirtió su residencia en un espacio de encuentro para artistas e intelectuales.
Su interés por la Antigüedad se plasmó en una destacada colección de escultura clásica, adquirida posteriormente por Isabel de Farnesio e incorporada a las colecciones reales españolas. Este conjunto constituye hoy una parte fundamental de los fondos de escultura del Museo del Prado y sitúa a Cristina de Suecia entre las mujeres que contribuyeron históricamente a la formación de sus colecciones.
La presencia de la soberana sueca se extiende por distintos espacios del Museo. Además de la sala 74, dedicada monográficamente a su colección, las salas 71, 72, 73, 47, 55 B, donde se exponen el Adán y Eva de Durero que regalara a Felipe IV, y la sala de las Musas conservan obras que le pertenecieron. En esta última se expone también el retrato ecuestre realizado por Sébastien Bourdon hacia 1653, que la propia Cristina regaló a Felipe IV.
Una nueva lectura de su colección de escultura
La remodelación de la sala 74 mantiene como referencia visual la monumental Ariadna dormida, conocida en el siglo XVII como Cleopatra, y reorganiza el espacio para ofrecer una lectura centrada en la personalidad coleccionista de Cristina de Suecia. Frente a las nueve obras expuestas anteriormente, la sala reúne ahora diecisiete piezas, con una mayor diversidad de materiales, tipologías y soluciones cromáticas.
El recorrido comienza con otro retrato de la reina pintado por Sébastien Bourdon y con dos cabezas de Atenea, una de época romana y otra del siglo XVII. Estas esculturas evocan su identificación con la sabiduría y su consideración como la “Minerva del Norte”, denominación con la que fue conocida en las cortes europeas.
Junto a ellas se presentan obras que permiten reconstruir algunos de los principales intereses de la soberana. Las esculturas de Afrodita y los bustos de emperadores realizados con mármoles de diferentes colores remiten a las galerías aristocráticas europeas, mientras que piezas como el Filósofo con cabeza de Pseudo Séneca, el Busto de etíope o la Mujer oriental o Semíramis reflejan la diversidad de asuntos, materiales y modelos reunidos en su colección.
También se incorpora la Cabeza colosal de príncipe, una excepcional escultura helenística en bronce que durante mucho tiempo fue considerada una representación de Alejandro Magno, figura especialmente admirada por Cristina de Suecia. Los bustos de Antinoo y Aquiles vuelven, además, a mostrarse emparejados, recuperando la disposición que tuvieron en el palacio romano de la reina.
La instalación reúne asimismo dos esculturas estrechamente vinculadas a su gusto: El fauno del cabrito, conocido en Europa como el Fauno de la reina Cristina, y Clitia. Ambas combinan fragmentos de época romana con intervenciones realizadas en el siglo XVII por Ercole Ferrata y Giulio Cartari, respectivamente. Su presencia permite explicar cómo las esculturas antiguas eran restauradas, completadas y reinterpretadas para integrarse en las galerías palaciegas de la Europa barroca.
Un tratado de Leonardo dedicado a la reina
Durante tres meses, se mostrará también un ejemplar de la edición italiana del Trattato della pittura di Lionardo da Vinci, publicada en París en 1651 y conservada en la Biblioteca del Museo Nacional del Prado. La obra, que contribuyó a difundir un texto que hasta entonces había circulado de forma manuscrita, fue editada por Raphaël Trichet du Fresne e incorpora las biografías de Leonardo y Alberti e ilustraciones tomadas de Nicolas Poussin.
La edición está dedicada a Cristina de Suecia. Trichet du Fresne fue posteriormente bibliotecario y conservador de la reina en Estocolmo, en 1652. El ejemplar custodiado en la Biblioteca del Prado fue donado por el propio editor a los jesuitas de Amberes en 1655 y su exhibición permite ampliar el relato de la sala y vincular la pasión de Cristina por la escultura con su interés más amplio por el pensamiento artístico y la circulación del conocimiento.
Talía recupera el pedestal encargado por Cristina de Suecia
La celebración se extiende a la sala de las Musas, situada en el corazón del edificio Villanueva, donde se conservan las ocho esculturas que Cristina de Suecia adquirió hacia 1670 para su palacio romano. Allí se presentará temporalmente una nueva instalación de Talía, musa de la Comedia, cuya figura fue completada por Francesco Maria Nocchieri con una cabeza que reproduce los rasgos de la soberana.
Para subrayar esta identificación, la obra se expondrá sobre uno de los pedestales de madera y mármoles encargados por la reina en Roma para sus esculturas. La pieza, conservada habitualmente en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, se incorpora temporalmente a la sala gracias al préstamo de Patrimonio Nacional.
Sala 47
En la sala 47 también se ha llevado a cabo una intervención, con la pintura de los paramentos posteriores a las cuatro esculturas colosales que allí se exponen, dos de las cuales, Apolo y Júpiter Tonante también pertenecieron a la colección de Cristina de Suecia. Además, temporalmente, se mostrará en la sala otra de las obras procedentes de la misma colección, la Venus del pomo.
Fuente: https://www.museodelprado.es/actualidad/noticia/el-museo-del-prado-dedica-una-sala-al-universo/e3f2dc07-648e-e263-6803-7bf91318b5ee
