Don Juan de Austria, el héroe de Lepanto que detuvo al Imperio otomano a los 24 años
RedacciónLectura 2 min

Militar, político y héroe de Lepanto: Don Juan de Austria, el hijo del emperador Carlos V que detuvo al Imperio otomano a los 24 años, sigue siendo uno de los grandes mitos de la historia de España.
Don Juan de Austria (1547-1578) nació en Ratisbona (Alemania) fruto de la relación del emperador Carlos V con Bárbara Blomberg. Bautizado como Jerónimo, conocido como «Jeromín», fue criado en secreto en Castilla por Luis de Quijada, alejado de la corte y de la carrera eclesiástica que su padre había pensado para él. No fue hasta 1559 cuando su hermanastro, el rey Felipe II, cumpliendo las instrucciones del testamento del emperador, lo reconoció formalmente como miembro de la familia real.
Su vocación, sin embargo, era la milicia. Entre 1568 y 1571 comandó con éxito la represión de la rebelión de los moriscos en las Alpujarras, en el sur de España, una campaña dura que forjó su reputación como jefe militar.
Su nombre quedó unido para siempre a la historia de Europa el 7 de octubre de 1571, cuando, con solo 24 años, lideró la flota de la Liga Santa en la batalla de Lepanto. La coalición cristiana infligió una derrota decisiva al Imperio otomano y detuvo su expansión por el Mediterráneo. La victoria convirtió al joven general en una leyenda: desde entonces es conocido en todo el mundo como el «héroe de Lepanto».
Sus últimos años estuvieron marcados por la política. Nombrado gobernador de los Países Bajos (1576-1578), dedicó sus energías a intentar pacificar la rebelión de Flandes en un contexto extremadamente complejo, sin lograr el objetivo. Murió prematuramente en Namur (actual Bélgica) el 1 de octubre de 1578, a los 31 años, víctima de unas fiebres.
Sus restos fueron trasladados a España y reposan en el Panteón de los Infantes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Su sepulcro guarda un detalle cargado de simbolismo: la estatua yacente de mármol lo representa con su armadura, pero con los guanteletes quitados, señal de que no murió en combate.


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