Bill Gates: la tecnología es un mundo que necesita ser gobernado
RedacciónLectura 6 min
Entrevista al exdirector ejecutivo de Microsoft sobre los posibles peligros relacionados con el crecimiento de la inteligencia artificial: se trata de un sector que no puede autorregularse, explica, y debe ser guiado por los gobiernos. También hay que actuar para aprovechar las oportunidades que ofrece la IA en la sanidad, la educación y la agricultura.
«No estamos prestando suficiente atención a los riesgos» de la inteligencia artificial y «no estamos haciendo lo suficiente para minimizar los daños. Tampoco hacemos lo suficiente para aprovechar las oportunidades actuales que ofrece la inteligencia artificial». Así lo afirma Bill Gates, cofundador y exdirector ejecutivo de Microsoft, en esta entrevista concedida a los medios de comunicación del Vaticano, en la que, refiriéndose a la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León, señala: «Me ha llamado la atención que no diga “detengan la inteligencia artificial”, sino que “debemos preservar activamente lo que hay de humano”. Esto coincide con lo que yo también defiendo».
Señor Gates, en las últimas semanas, muchas voces del sector tecnológico han expresado su preocupación por los posibles peligros asociados al desarrollo de la inteligencia artificial. ¿Qué opina usted al respecto?
Llama la atención cómo las personas del sector están expresando sus preocupaciones. Se trata de personas que compiten entre sí y que discrepan en muchos temas, pero que en este caso están diciendo lo mismo: en este ámbito, el sector no puede autorregularse, debe estar guiado por actores neutrales, en primer lugar, los gobiernos. El problema es que la mayoría de las personas que ocupan cargos de gobierno no comprenden del todo cómo funciona la tecnología.
Creo que no estamos prestando suficiente atención a los riesgos y que no estamos haciendo lo suficiente para minimizar los daños. Tampoco estamos haciendo lo suficiente para aprovechar las oportunidades actuales que ofrece la inteligencia artificial. El mes pasado, nuestra Fundación publicó el informe anual Goalkeepers Report, que sostiene que la inteligencia artificial podría ser un gran factor de igualdad o bien ampliar la brecha existente entre ricos y pobres. La inteligencia artificial puede hacer cosas como permitir que los médicos rurales utilicen el smartphone como un ecógrafo, ofrecer apoyo educativo personalizado que se adapte a la forma en que el alumno aprende efectivamente y proporcionar consejos a medida en función de las características del terreno y las condiciones meteorológicas específicas de cada agricultor. Pero nada de esto ocurre automáticamente.
Si se dejan en manos del mercado, las herramientas más eficaces se desarrollarán primero para quienes puedan pagar más, no para quienes más las necesitan. Por eso, para los próximos dos años hemos destinado mil millones de dólares con el fin de promover la inteligencia artificial en los sectores de la sanidad, la educación y la agricultura, precisamente en aquellos ámbitos a los que las fuerzas del mercado llegarían en último lugar. El riesgo y la oportunidad van de la mano, y debemos actuar en ambos frentes al mismo tiempo.
En términos más generales, ¿cómo ve el futuro de una sociedad cada vez más impulsada por la tecnología?
La inteligencia artificial es diferente a cualquier otra tecnología que hayamos visto hasta ahora. En el caso de innovaciones del pasado, como el ordenador personal o Internet, el proceso comenzó con algunos cambios radicales, pero al final todo se resolvió y la gente acabó disponiendo de mejores herramientas. La inteligencia artificial es diferente. Se asemeja más a un evento evolutivo. Hemos creado un tipo de inteligencia que, en muchos aspectos, iguala o supera la cognición humana. Tratarla simplemente como «el próximo ordenador personal» hace que la gente la subestime por completo.
Podemos imaginar el futuro como dos períodos distintos. Actualmente nos encontramos en una fase de transición en la que aún no disfrutamos de las ventajas a gran escala en todas partes, pero estamos asistiendo a una auténtica revolución. Esto es más evidente en los países ricos que en los de rentas más bajas. En los lugares donde opera la Fundación, los beneficios pueden manifestarse más rápidamente que las dificultades, ya que desde el principio había una enorme cantidad de necesidades insatisfechas. Pero esto solo puede funcionar si resolvemos problemas como el hecho de que la mayoría de los modelos de inteligencia artificial se hayan entrenado principalmente en inglés, dejando así muy de lado a los miles de millones de personas que hablan otros idiomas. En este momento, por lo tanto, se necesita un cambio real en múltiples frentes, entre ellos la forma en que gravamos el trabajo frente a la automatización, qué actividades reservamos deliberadamente para los seres humanos y cómo garantizamos que la tecnología llegue efectivamente a las personas que más se beneficiarían de ella, no solo a aquellas que pueden pagar más.
Luego, una vez superada esta fase de transición, si logramos poner en práctica las medidas de seguridad y garantizar un acceso adecuado, podríamos encontrarnos ante un mundo de verdadera abundancia: inteligencia artificial y robots humanoides que se encarguen de la alimentación, el alojamiento y otras necesidades básicas. Ese periodo planteará una serie de preguntas completamente diferentes sobre el significado de la vida y sobre cómo la gente dedicará su tiempo. Por el momento, mi objetivo principal es conseguir que superemos los próximos años sin que se produzcan ataques bioterroristas catastróficos ni incidentes relacionados con la seguridad informática, y sin dejar atrás a amplios sectores del mercado laboral ni a vastas zonas del mundo.
El presidente Trump, por su parte, ha minimizado los posibles riesgos que conlleva un mayor desarrollo de la inteligencia artificial. ¿Está de acuerdo con su postura? ¿Qué papel deberían desempeñar los líderes políticos en este debate?
Esta tecnología es más peligrosa que las armas nucleares y tiene el potencial de ser más beneficiosa que la energía nuclear. Incorporar controles de seguridad básicos apenas supone una pérdida de velocidad y reduce considerablemente los riesgos. Es un compromiso que merece la pena aceptar.
Los líderes gubernamentales deben ponerse de acuerdo primero en los hechos fundamentales, es decir, que existen peligros reales y beneficios reales, y luego debatir los detalles de la respuesta. Necesitamos más conocimientos especializados en materia de inteligencia artificial en los gobiernos, gobiernos que colaboren con el sector y gobiernos que trabajen juntos, porque ningún país quiere que el bioterrorismo o un ciberataque dejen fuera de servicio sus infraestructuras.
Me temo que puede que haga falta un ciberataque grave o un episodio grave de bioterrorismo para que el sistema político aborde la cuestión con toda la seriedad que requiere.
¿Existe alguna relación entre los riesgos asociados al desarrollo de la inteligencia artificial y su decisión de abandonar cualquier función operativa en Microsoft?
No, mi decisión fue una transición, gradual y planificada, hacia la filantropía y mi trabajo en la Fundación Gates, que tuvo lugar hace más de diez años.
¿Ha leído la encíclica Magnifica humanitas del Papa León? ¿Está de acuerdo con sus reflexiones sobre la inteligencia artificial?
Sí, la he leído y hablé de ella en una nota interna en agosto. Me ha fascinado. Sienta unas bases sólidas para el trabajo que hay que realizar. Lo que más me ha llamado la atención es que el Papa no dice «detengan la inteligencia artificial». Su argumento es más matizado: sostiene que, ante todo esto, debemos preservar activamente lo que hay de humano. Esto coincide con lo que yo también defiendo. Hay algunas tareas, como el cuidado de los niños, la función de juez o de jurado, y en el ámbito de la medicina, cuya esencia es precisamente la relación. No deberíamos ceder esas tareas a un modelo solo porque se haya vuelto lo suficientemente capaz como para llevarlas a cabo. Me alegra mucho ver a la Iglesia católica y a otros grupos religiosos tan implicados en el debate sobre la inteligencia artificial; considero que su compromiso es fundamental para garantizar que la inteligencia artificial sirva a todos de la manera más equitativa.



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