Tras la violencia que estalló tras el asesinato del capo «El Mencho», el país busca una nueva normalidad e intensifica la lucha contra el crimen organizado. Sergio Omar Sotelo Aguilar, director del Centro Católico Multimedia, declaró: «Las bandas del narcotráfico se han fortalecido increíblemente; su poder es tal que hay estados prácticamente gobernados por cárteles». La Iglesia en primera línea para combatir la ilegalidad.
Aunque ayer por la noche, el gobernador del estado de Jalisco, Pablo Lemus, levantó el código rojo que impuso el toque de queda y la suspensión de todas las actividades tras la violencia que estalló el domingo pasado en el estado y otras ciudades del país tras el asesinato a manos de las fuerzas del orden de Nemesio Oseguera Cervantes, líder indiscutible del Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las bandas de narcotráfico más poderosas del mundo, esto no significa que la normalidad haya regresado a México. Al contrario. Para entender esto, basta con observar Puerto Vallarta, en Jalisco, donde ayer el buque Usumacinta desembarcó a 103 soldados de infantería y varios vehículos todoterreno fuertemente armados: el objetivo declarado es reforzar la seguridad en la costa del Pacífico.
Otros estados afectados
Además, los ataques, los atentados con bombas y los tiroteos se han multiplicado en los últimos días en otros estados: Michoacán, Guanajuato, Zacatecas y algunas zonas densamente pobladas del Estado de México. Una epidemia de violencia que, según los últimos informes, ha causado la muerte de 25 miembros del ejército y la Guardia Nacional, así como de 70 miembros del cártel criminal.
El compromiso del gobierno
«¿Cómo pudo suceder todo esto? En primer lugar, porque el Cártel Jalisco Nueva Generación, liderado por Osegura Cervantes, apodado «El Mencho», ha extendido su poder a 21 estados del país y 70 naciones alrededor del mundo», explicó el padre Sergio Omar Sotelo Aguilar, sacerdote, periodista y director del Centro Multimedia Católico, a los medios del Vaticano. Sotelo lleva años comprometido en la lucha contra el crimen organizado y la corrupción, lo que ha provocado amenazas y ataques de los propios capos de la droga. «Desde hace tiempo», añade, «el gobierno federal ha luchado por contener el avance y el fortalecimiento de las organizaciones criminales; sin embargo, su poder corrupto también ha logrado infiltrarse en algunas administraciones políticas y otros organismos públicos».
Presión de la sociedad civil
En los últimos años, asegura el sacerdote, la presión de la opinión pública y del gobierno de Estados Unidos ha revitalizado el combate a la ilegalidad, dando lugar a operativos generalizados como el que condujo a la eliminación de «El Mencho». Pero aún no es suficiente: «El crimen organizado se ha fortalecido increíblemente; su poder es tal que hay estados prácticamente gobernados por cárteles. El poder militar y económico del narcotráfico ha generado sus propias normas de gobierno, sus propias estructuras económicas, y ha impuesto una cultura que promueve el narcotráfico como forma de vida».
Iglesia involucrada
La narcoeconomía, la narcopolítica y la narcocultura, que permean amplios sectores de la vida social comunitaria, no han perdonado ni siquiera a la Iglesia local. «Esto se demuestra», recuerda el padre Sotelo Aguilar, «por el aumento de los ataques contra personas cercanas a la Iglesia, sus parroquias y sus instituciones. Sin embargo, hoy más que nunca, la acción pastoral es más fuerte y coherente con el anuncio del Evangelio. Ciertamente, existe el miedo a la violencia, pero también hay una fe inquebrantable que impulsa y hace avanzar los procesos pastorales».
Acciones concretas
Un ejemplo concreto de este compromiso generalizado es «Diálogos por la Paz», un movimiento surgido de instituciones eclesiásticas y de la sociedad civil, que busca instar a la opinión pública a encontrar vías de cohesión y pacificación. «De igual manera, organizaciones como el Centro Católico Multimedia, del cual soy director, llevan años visibilizando el fenómeno de la violencia, en particular contra miembros de la Iglesia, con el objetivo de visibilizar un fenómeno que ha dañado a la sociedad en su conjunto y que debe ser erradicado. Por su parte, la Conferencia Episcopal Mexicana, mediante comunicados de prensa y mensajes, ha comenzado a denunciar, de forma muy directa, los terribles daños que están causando el narcotráfico y el crimen organizado.
Peligros evidentes
Pero el padre Sotelo Aguillar también es consciente de otra verdad candente: «Mi país se ha convertido en un lugar peligroso para periodistas y sacerdotes, así como para quienes luchan por los derechos humanos. Como sacerdote y periodista, tengo un gran reto: alzar la voz y llevar a todos la caridad de la verdad, la verdad que libera y dignifica. Luchar por un México libre, en paz y justo siempre será para mí un privilegio, por el que valga la pena dar la vida».
Fuente: https://www.vaticannews.va/
