La Junta de Andalucía, a través de la Fundación Pública Andaluza Centro de Estudios Andaluces (CENTRA) —dotada para 2026 con un presupuesto de explotación de 3.666.908 euros, más 159.150 euros de presupuesto de capital, es decir cerca de 3,83 millones de euros, de los cuales 3.244.720 euros son transferencias directas de financiación de la propia Junta y 1.690.000 euros se van en gastos de personal—, ha puesto a disposición de los españoles, de forma gratuita y en PDF, los ocho volúmenes de la «Biblioteca Blas Infante».
Sin duda facilitará dar a conocer su pensamiento izquierdista, proislámico y profundamente antiespañol, al estilo de otros escritores nacionalistas como Cambó, Castelao o Sabino Arana. Conviene, por tanto, leerlo. Y leerlo entero, porque lo que se encuentra en esas páginas no lo dice ningún adversario suyo: lo firma él.
Los libros publicados por la Junta de Andalucía y hoy en abierto son los siguientes.
- Ideal Andaluz (1915). El texto fundacional del andalucismo. Infante inventa una «patria regional andaluza» con genio propio, sitúa su cumbre en al-Ándalus y atribuye la decadencia posterior a la «reconquista castellana» y a los repartimientos de tierras que siguieron. Llega a negar que Castilla —«con un fondo étnico celtíbero» y «más pronunciada influencia germana»— pueda compartir «un genio idéntico al genio andaluz». Ahí está ya todo lo demás en germen.
- La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía (1931). Libro de obligada lectura, donde escribe sin disimulo. Llama a las Cruzadas «el robo, el asesinato, el incendio (…) presididos por la Cruz», y a Isabel la Católica «la empeña-joyas», «bárbara, grosera, fanática, hipócrita». Cuenta 1.200.000 «andaluces musulmanes y mosaicos» desde Tánger a Damasco —a los musulmanes del mundo los llama, literalmente, andaluces—, pide que Marruecos se federe en un «Anfictionado de Andalucía» y que el Estado español delegue en Andalucía las relaciones con Oriente. Propuso además, en la subcomisión de latifundios de la reforma agraria, reconocer como españoles a los descendientes de los expulsados para repartirles tierra expropiada.
- La dictadura pedagógica (1921). Su programa de ingeniería social, resumido en un lema que no admite dos lecturas: «Gobernantes que sean Maestros, Estado que sea Escuela, Política que sea arte de Educación». No es una metáfora amable: es una dictadura declarada, ejercida desde la escuela para fabricar un pueblo nuevo. La enseñanza que diseña es laica y la Iglesia no juega en ella papel alguno, sustituida por lo que él mismo llama una «religión laica».
- La Sociedad de las Naciones (1930). Aquí el nacionalismo se disfraza de universalismo. Bebiendo de Wilson y de Pi y Margall, propone una «Federación Universal» en la que el Estado nacional es un peldaño transitorio, destinado a diluirse hacia arriba y hacia abajo. De España escribe que es «la nación cadáver, de espíritu muerto y de idealidad desvanecida». Difícil resumir mejor el desprecio.
- La obra de Costa (1916). Conferencia leída en el Ateneo de Sevilla en el V aniversario de la muerte de Joaquín Costa, a quien lee a través del georgismo de Henry George. De ahí sale el motor económico de todo el andalucismo: el latifundio como pecado original, el impuesto único sobre la tierra y la expropiación como remedio. El colectivismo agrario que después reclamarían, con menos literatura, otros.
- Don Dimas. Historia de zorros y de hombres (inédito hasta 2023). Fábula de un zorro que no es como los demás, escrita como alegoría de hombres y de pueblos. Los propios editores de la Junta reconocen que su moral animalista se apoya en el Corán. Cuando el mito andalusí se agota, la parábola sigue funcionando: el pueblo sometido, el señor extraño, la naturaleza como maestra.
- Motamid, último rey de Sevilla (1920). Obra teatral en tres jornadas y un epílogo situado ante la tumba de Agmat, por la que expresa su máxima admiración, a pesar de haber sido el enemigo al que los españoles tuvieron que derrotar para recuperar Sevilla. El rey taifa es el héroe trágico; los conquistadores, los destructores. La Reconquista, contada al revés.
- Peregrinaciones (1924, publicado en 2026). La narración de su viaje a la tumba de Al Motamid, que visitó el 15 de septiembre de 1924. Y no la cuenta como excursión de erudito: la equipara expresamente a la peregrinación de los musulmanes a La Meca, con el ihram, la ablución, la azzala y hasta la Kaaba. Los editores discuten todavía si allí pronunció la shahada y tomó el nombre de Ahmad. El lector, después de leerlo, discutirá poco.
Ocho libros, casi cuatro millones de euros anuales de presupuesto y acceso libre para todos. No seremos nosotros quienes se lo reprochemos a la Junta: que cada español los descargue, los lea y juzgue. En próximas entregas dedicaremos un artículo a cada uno de ellos.
