La Acción Católica promueve una “profecía social” por la paz
RedacciónLectura 6 min
Tras la IX Asamblea del Foro Internacional de Acción Católica (FIAC), celebrada en Roma del 15 al 18 de octubre, Eva Fernández Mateo, anterior coordinadora del Secretariado, reflexiona sobre la sinodalidad, la corresponsabilidad de los laicos y la misión evangelizadora de la Iglesia. En diálogo con Vatican News, subraya la importancia de responder a las heridas del mundo, acompañar a los pueblos que sufren conflictos y promover una cultura de paz y fraternidad.
La sinodalidad no es solo una forma de caminar juntos, sino una invitación a transformar las relaciones, fortalecer la corresponsabilidad y salir al encuentro de las heridas del mundo. Para Eva Fernández Mateo, quien hasta hace pocos días coordinaba el Secretariado del Foro Internacional de Acción Católica (FIAC), la misión de los laicos adquiere hoy una especial relevancia: anunciar a Jesucristo, construir fraternidad y contribuir a una sociedad más justa, sin dejar que el sufrimiento de tantos pueblos caiga en el olvido.
Tras la IX Asamblea del FIAC, celebrada en Roma del 15 al 18 de octubre de 2026 bajo el lema “Sinodalidad y misión”, Fernández Mateo comparte con Vatican News los frutos de este encuentro internacional, los desafíos de la formación de los jóvenes ante las nuevas tecnologías y el compromiso de la Acción Católica con la paz. En el centro de su reflexión aparece una convicción: la Iglesia está llamada a vivir una “profecía social” que se traduzca en gestos concretos de cuidado, escucha y solidaridad.
Corresponsabilidad para una Iglesia misionera
El encuentro de Roma ha permitido compartir experiencias y discernir desafíos comunes entre las distintas realidades nacionales de la Acción Católica. Uno de sus principales frutos, explica Fernández Mateo, es la posibilidad de seguir promoviendo la corresponsabilidad en las diócesis, mediante relaciones fraternas y de cuidado entre los laicos, los sacerdotes y la vida consagrada.
La formación, ampliamente desarrollada en muchas de estas comunidades, constituye una herramienta fundamental para preparar discípulos misioneros capaces de anunciar a Jesucristo en medio del mundo. Se trata, en palabras de la entrevistada, de contribuir a hacer realidad el Reino de Dios y esa “civilización del amor” de la que hablaba el Papa Francisco, transmitiendo la misericordia divina en un contexto marcado por la dureza y el dolor.
Durante la Asamblea, los participantes trabajaron por lenguas y, especialmente, por continentes, para identificar dificultades compartidas, reconocer las esperanzas de sus pueblos y encontrar respuestas comunes. Escucharse mutuamente, atender a los signos de los tiempos y discernir lo que el Espíritu Santo pide a la Iglesia fueron elementos centrales de este camino.
Una “profecía social” que no deje a nadie en el olvido
Entre las resonancias más profundas del encuentro, Fernández Mateo destaca la fraternidad y el deseo de construir juntos una sociedad diferente, arraigada en Jesucristo. Esta fraternidad exige prestar atención a las necesidades y dificultades de los distintos países, en particular de aquellos cuya realidad apenas encuentra espacio en los medios de comunicación.
“En Europa muchas veces no escuchamos lo que está pasando en algunos lugares de Asia o en algunos lugares de África”, señala. De ahí la necesidad de poner “la atención del corazón” en esas comunidades, para que sus sufrimientos no queden relegados al silencio y sus habitantes no se sientan abandonados.
Esta escucha se vincula con la “profecía social” que, a juicio de Fernández Mateo, el mundo necesita hoy. La Acción Católica puede contribuir a ella desde su presencia local y su dimensión internacional, acompañando a las personas, promoviendo la justicia y creando lazos de fraternidad que atraviesen fronteras.
Educar para discernir en la era digital
Otro de los desafíos abordados durante la Asamblea fue el impacto de la inteligencia artificial y de la comunicación digital, especialmente en la educación de niños y jóvenes. Fernández Mateo invita a reconocer las posibilidades que ofrecen estas herramientas sin ignorar sus riesgos.
La clave, sostiene, consiste en mantener a la persona en el centro, garantizar el acceso a información verdadera y evitar que alguien quede atrás. Al mismo tiempo, anima a superar los temores ante las nuevas tecnologías para aprender a utilizarlas de forma constructiva, sin dejar de identificar y denunciar sus peligros.
Para ello, considera indispensable educar a los jóvenes en el pensamiento crítico y el discernimiento, ayudándoles a distinguir el bien del mal y a buscar siempre lo mejor para las personas. La tecnología debe entenderse como una herramienta al servicio de la construcción de una sociedad justa, utilizada con responsabilidad y conciencia de sus posibles consecuencias.
La sinodalidad, un camino que requiere conversión
La experiencia de Fernández Mateo en el Sínodo de la Sinodalidad refuerza su convicción de que la Acción Católica tiene mucho que aportar a este proceso eclesial. Su trayectoria de trabajo corresponsable, de asunción de responsabilidades y de organización comunitaria puede ofrecer aprendizajes valiosos para ayudar a que el estilo sinodal se arraigue en las diócesis.
Pero esta aportación requiere también humildad y disposición para revisar las propias prácticas. La Acción Católica, reconoce, está llamada a identificar los procesos que puede incorporar o mejorar en sus actividades, proyectos y planes pastorales. En este sentido, destaca los avances en materia de transparencia y rendición de cuentas, junto con la necesidad de profundizar en una presencia profética en la sociedad.
La sinodalidad, admite, ya está consolidada en algunos lugares, mientras que en otros su puesta en práctica resulta más difícil. Sin embargo, la considera el camino que el Señor pide recorrer en este tiempo. Paso a paso, afirma, van apareciendo pequeños frutos, con la esperanza de que la conversión de los corazones transforme también la acción pastoral y permita anunciar a Jesucristo a todas las personas.
Una Acción Católica más presente en las Iglesias locales
La IX Asamblea del FIAC también designó a los países que integrarán el Secretariado para el período 2026-2030 e incorporó a Guatemala como nuevo país miembro. El Secretariado estará integrado por Filipinas, Burundi, Argentina, Italia y España, con representación de cuatro continentes.
La nueva etapa buscará reforzar el trabajo continental, estrechar los vínculos entre las distintas realidades y definir objetivos compartidos que permitan responder de manera más cercana a los desafíos de cada contexto.
Entre los sueños que Fernández Mateo desea impulsar figura llegar a más países y lograr que más obispos conozcan la contribución de la Acción Católica al servicio de la Iglesia local. Su misión, explica, es colaborar con las diócesis en la realización de sus planes pastorales y ayudar a formar un laicado maduro, dispuesto a transmitir a Jesucristo en las parroquias y en todos los ámbitos de la vida cotidiana.
Construir la paz desde lo cotidiano
Los testimonios de países afectados por conflictos, entre ellos la realidad de Tierra Santa presentada a través del mensaje del cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, recordaron a los participantes la urgencia de reconstruir relaciones y sembrar esperanza en medio del sufrimiento.
Ante esta realidad, Fernández Mateo propone una doble respuesta. Por una parte, convertirse cada día en constructores de paz mediante pequeñas acciones concretas en los propios ambientes. Por otra, acompañar a las comunidades que viven situaciones de violencia, dar voz a sus sufrimientos y rezar por ellas.
La preocupación abarca tanto los conflictos armados entre países como las situaciones de violencia dentro de las propias naciones. Fernández Mateo menciona, en particular, el narcotráfico y el dolor que provoca en algunas regiones. Frente a estas heridas, considera necesario rezar, denunciar las injusticias y hacer sentir a quienes sufren que no están solos, sino acompañados por sus hermanos en la fe.


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