El nuevo discurso incorpora Venus y Marte, del entorno de Canova; el Cupido de José Álvarez Bouquel; y La Caridad romana de Antonio Solá, obras que se suman a las ya expuestas y que enriquecen la lectura del desnudo decimonónico gracias a su calidad técnica, su diversidad estilística y su relevancia dentro del neoclasicismo escultórico.
A través de estas obras, el Museo del Prado ofrece un recorrido renovado que combina la herencia clásica con los lenguajes formales de su tiempo, poniendo en diálogo la tradición neoclásica, la reinterpretación del canon y las visiones idealizadas y orientalizantes que marcaron el siglo XIX. La nueva disposición permite leer de manera armónica la evolución del desnudo en este periodo, reforzando el valor histórico y museográfico del Claustro.
Con la culminación de la reordenación del Claustro, este espacio adquiere una nueva lectura museográfica que refuerza su valor histórico y arquitectónico. Las esculturas, reorganizadas conforme a criterios cronológicos, estilísticos y formales, permiten recorrer con mayor claridad la evolución del desnudo en el siglo XIX a través de algunos de los conjuntos más destacados de las colecciones del Prado.
El recorrido comienza con Venus y Cupido, modelado por José Ginés en 1807, un grupo de extremada delicadeza que demuestra la plena asimilación del canon neoclásico sin necesidad de formación en Roma. Junto a él se presenta el Joven con un cisne de José Álvarez Cubero, inspirado directamente en la obra y enseñanzas de Antonio Canova, con quien se formó en la capital italiana. Ambas piezas evidencian la temprana implantación del ideal clásico en la escultura española del primer tercio del siglo.
Del entorno directo de Canova procede Venus y Marte, realizado entre 1820 y 1830, donde la armonía entre las figuras simboliza la unión entre la guerra y la paz, condensando de manera ejemplar los valores estéticos del neoclasicismo. A esta obra se suma el refinado Cupido de José Álvarez Bouquel, tallado hacia 1828 y considerado un testimonio del talento prometedor del escultor, cuya carrera se vio truncada por su temprana muerte.
Uno de los episodios más singulares del conjunto es la figura de Hermes/Mercurio, iniciada por Bertel Thorvaldsen y concluida en 1824 por sus colaboradores tras una caída y la aparición de vetas en el mármol. Este infortunio técnico, lejos de restar importancia a la obra, la integra en la narrativa del taller neoclásico y en la búsqueda constante de la pureza material como principio estético fundamental.
La reordenación museográfica del Claustro permite también contextualizar la intensidad moral de La Caridad romana de Antonio Solá, interpretada con una contención característica del neoclasicismo aprendido junto a Thorvaldsen. Más adelante, el visitante encuentra la Esclava de Scipione Tadolini (1862), ejemplo destacado del gusto orientalista del siglo XIX, cuya factura minuciosa y visión idealizada contribuyeron a su enorme difusión internacional
El recorrido concluye con el retrato de Charles Bennet Lawes, realizado por John Henry Foley hacia 1872. La figura, concebida como un atleta victorioso en reposo, combina realismo anatómico y una sensibilidad clásica, alejándose deliberadamente de la idealización juvenil para representar con fidelidad al deportista británico, cercano ya a los treinta años.
La nueva museografía del Claustro de los Jerónimos ofrece así una lectura renovada del desnudo decimonónico, potenciando el diálogo entre la arquitectura histórica, la luz natural y la materialidad del mármol.
Fuente: https://www.museodelprado.es/
