Desde Juan Pablo II hasta León XIV, cuarenta años del “Espíritu de Asís”
RedacciónLectura 7 min
En cuatro decenios desde la histórica Jornada de Oración por la Paz, convocada por el Papa Wojtyła el 27 de octubre de 1986, el legado del “Espíritu de Asís” atraviesa cuatro pontificados. Desde Juan Pablo II, quien profundiza en su significado teológico, hasta Benedicto XVI, quien abre el diálogo también a los no creyentes; desde Francisco, quien hace un llamado a la fraternidad, hasta León XIV, quien invita a las religiones a encontrar en sus propias fuentes un antídoto contra el odio
Nunca antes había sucedido que un Papa convocara a los representantes de las grandes religiones del mundo para una jornada dedicada a la paz. El 27 de octubre de 1986, Juan Pablo II eligió Asís, la ciudad de San Francisco, para una iniciativa sin precedentes, destinada a dejar una huella profunda en la historia del diálogo interreligioso. Cuarenta años después, ese encuentro sigue siendo uno de los gestos más significativos de su pontificado y un punto de referencia para sus sucesores.
Los jóvenes judíos que ofrecen ramas de olivo a los representantes religiosos, sobre todo a los musulmanes: un gesto que el cardenal Roger Etchegaray, a quien el Papa Wojtyła confió la “dirección” del encuentro, recordará al contar que se conmovió hasta las lágrimas. El intercambio de la paz entre los líderes de las Iglesias cristianas en la catedral de San Rufino, con la emoción visible en los rostros de algunos participantes. Los líderes, entumecidos por el frío, estrechados en el escenario frente a la basílica, y el arcoíris que apareció tras una mañana gris: dos detalles que quedaron grabados en el testimonio de Etchegaray, quien interpretó el arcoíris como un signo de fraternidad. Estas son algunas de las imágenes que quedan de esa jornada histórica, concebida para dar testimonio de un compromiso compartido por la paz, en el respeto de las diferentes convicciones religiosas, con cada uno recogido en oración según su propia tradición.
Pero, más allá de los recuerdos, aquel día dio origen al llamado “Espíritu de Asís”: el compromiso de las distintas religiones de reunirse, dialogar y construir juntos la paz. Una experiencia que se convierte en un punto de referencia para el magisterio, un gesto que hay que interpretar, precisar y desarrollar. El cardenal Roger Etchegaray recordaba este principio con una frase de Juan Pablo II: “Estar juntos para orar, pero no orar juntos”. Siguiendo la estela de Nostra aetate, la declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia católica con las religiones no cristianas, el diálogo toma una forma visible, sin borrar las diferencias. Desde el Papa Wojtyła hasta sus sucesores, la reflexión se centrará en varias ocasiones en la relación entre la oración y la paz, la identidad religiosa y el encuentro, la fe y la responsabilidad hacia la humanidad.
El Concilio, releído a través de un evento
“La propia identidad de la Iglesia católica y la conciencia que tiene de sí misma se han fortalecido en Asís”, afirma Juan Pablo II el 22 de diciembre de 1986, dirigiéndose a la Curia romana en el tradicional discurso de felicitaciones, ofreciendo una lectura teológica del encuentro. No basta con regocijarse por su éxito, pareciera sugerir el Pontífice: es necesario comprenderlo a la luz de la fe. El fundamento es la unidad de la familia humana, en la creación y en la obra salvífica de Cristo. Asís hace visible esta unidad sin ocultar las divisiones religiosas. La relación con el Concilio Vaticano II es, por lo tanto, recíproca: el Concilio permite interpretar esa jornada, pero la jornada ayuda a releer con mayor profundidad el Concilio Vaticano II. El diálogo no debilita la identidad eclesial: puede hacer que la Iglesia sea más consciente de su propia misión de reconciliación.
El Espíritu más allá de los confines visibles
Cuatro años después, en la encíclica Redemptoris missio, fechada el 7 de diciembre de 1990, Juan Pablo II retoma esta convicción, ya expresada ante la Curia, haciendo referencia expresamente a Asís. “Toda oración auténtica es suscitada por el Espíritu Santo, que está misteriosamente presente en el corazón de cada hombre”, afirma el Papa Wojtyła. Es un paso decisivo: la experiencia contribuye a replantear el papel del diálogo interreligioso en la misión de la Iglesia. El reconocimiento de la acción del Espíritu en los demás no se opone al anuncio de Cristo, sino que se inscribe en el único designio de la salvación. Asís, “excluida toda interpretación equívoca”, da testimonio de que el respeto al ser humano en su búsqueda religiosa es también respeto a la obra de Dios en él. El diálogo tiene, por lo tanto, una razón teológica, no solo diplomática o humanitaria.
Ninguna forma de violencia puede considerarse religiosa
El 24 de enero de 2002, Juan Pablo II regresa a Asís, esta vez en tren, mientras el terrorismo, el odio y los conflictos ensombrecen el panorama internacional. De hecho, el encuentro se lleva a cabo pocos meses después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y la oración se convierte también en una asunción pública de responsabilidad: las comunidades religiosas deben repudiar la violencia, sobre todo aquella que pretende legitimarse en nombre de Dios. “Quien utiliza la religión para fomentar la violencia contradice su inspiración más auténtica y profunda”, afirma el Pontífice polaco, vinculando luego la paz con la justicia y el perdón, y reiterando la distinción entre las distintas formas de oración. No se trata, pues, de una religión común, sino de un compromiso compartido: cada uno, fiel a su propia tradición, está llamado a desactivar la hostilidad. Orar no significa evadirse de la historia, sino afrontarla con responsabilidad.
También quienes buscan sin creer
El 27 de octubre de 2011, en el 25.º aniversario del primer encuentro de oración por la paz, Benedicto XVI extiende la invitación también a las personas que no profesan una fe, pero que buscan la verdad y el bien. No se trata simplemente de agregar nuevos invitados: su presencia también interpela a los creyentes. “Son peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz”, explica el Papa Ratzinger. La imagen de Dios puede verse empañada por la forma en que se viven las religiones; nadie puede considerar a Dios como algo exclusivo y sentirse así autorizado a imponerse sobre los demás. Benedicto XVI desarrolla así una exigencia inherente al espíritu de Asís: la necesidad de purificar la forma de vivir la fe. En ese caso, Asís pide a los creyentes también un examen de conciencia: no basta con condenar a quienes usan la religión para justificar la violencia; hay que preguntarse si la propia forma de vivir y presentar la fe muestra realmente el rostro de un Dios de paz o si lo deforma.
Junto a los demás, por los demás
“Por el contrario, hemos rezado los unos con los otros, los unos por los otros”. En Asís, el 20 de septiembre de 2016, el Papa Francisco resume con estas palabras una continuidad que excluye expresamente el sincretismo y el relativismo. Pero también resalta su dimensión fraterna: no solo respetar la oración de los demás, sino hacernos cargo unos de otros. El diálogo debe dar voz a las víctimas de las guerras, a los refugiados, a los pobres. A la oración debe corresponder la colaboración concreta y al encuentro, el compromiso de abordar las causas profundas de los conflictos. La amenaza que hay que vencer no es solo el fanatismo, sino también la indiferencia. La fidelidad religiosa también se mide por la capacidad de escuchar a quienes sufren.
Volver a las fuentes, contra el odio
“Los creyentes pueden volver a beber de las fuentes más auténticas de sus tradiciones espirituales, donde no hay lugar para el odio sacralizado”, afirma el Papa León XIV en el párrafo 223 de la encíclica Magnifica humanitas, fechada el 15 de mayo de 2026, haciendo referencia explícita al “espíritu de Asís”, impulsado por Juan Pablo II y continuado por Francisco, también a través del diálogo con el Gran Imán de al-Azhar. El legado de 1986 encuentra así su lugar en la reflexión social sobre los desafíos contemporáneos: las religiones pueden contrarrestar la mentalidad de la violencia no atenuando sus propias convicciones, sino volviendo a sus fuentes originales.
Este es el hilo conductor que recorre estos cuarenta años: el encuentro no como una suspensión de la fe, sino como su verificación. Para los creyentes, Asís sigue planteando la pregunta de si su relación con Dios puede convertirse en una responsabilidad por la paz.
Fuente: https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2026-10/asis-1986-oracion-por-la-paz-cuatro-pontificados-espiritu-asis.html


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