En el marco de la próxima visita del Papa León XIV a España, el tercer coloquio de “Tiempo de encuentros” ha puesto sobre la mesa una realidad que a menudo queda sepultada bajo las estadísticas: la migración como una historia de rostros, nombres y el anhelo de un nuevo comienzo.
El testimonio de Abd Ramán, un joven marroquí de la ciudad de Salé que llegó a Canarias en patera hace apenas un año tras una travesía al límite, marca el pulso de este encuentro. “Cuando una persona vive el dolor, la pobreza y mucho sufrimiento, ya no hay miedo”, responde ante la pregunta de la motivación que le llevó a tomar esta decisión. Su relato no solo habla de la falta de agua y comida en alta mar, sino del motor que lo impulsó a “buscar una vida nueva” -tal y como expresa- y cruzar así el Atlántico: el deseo de rescatar a su familia de la pobreza.
Más allá de la emergencia
Sin embargo, la acogida no termina cuando se pisa tierra firme. María González Dyne, secretaria general de Cáritas Española, y Pablo Llano, director de la ONG CESAL, coinciden en que el verdadero desafío comienza en la integración a largo plazo.
“Detrás de cada cifra hay un rostro, unos sueños, una historia de vida y de resiliencia”, afirma María, destacando que el acompañamiento de la Iglesia no solo cubre necesidades materiales, sino que ofrece una dimensión espiritual y una acogida comunitaria esencial para que nadie se sienta solo en un país extraño.
Para Pablo Llano, la clave reside en la dignidad del trabajo. Desde CESAL, defienden que el empleo es la palanca que permite a personas como Abd Ramán reconocer su propio valor y reconstruir su proyecto de vida. “No se trata únicamente de responder a todas sus necesidades; sino de convertirnos en compañeros de camino de estas personas”, subraya.
La revolución de la «acogida ligera»
El coloquio alcanza otro de sus momentos más emotivos con la participación de Javier y Cristina. Este matrimonio, padres de cuatro hijos, participa en el programa de «acogida ligera» de la asociación Familias para la Acogida. Lo que empezó como un compromiso de apoyo puntual a un menor migrante se ha transformado en un vínculo inquebrantable.
“¿Podíamos comprometernos a querer a alguien para siempre?”, se preguntaron antes de conocer a Useino, un joven de 15 años. La respuesta fue un sí rotundo al descubrir que, por encima de los papeles o el idioma, lo que estos jóvenes buscan desesperadamente es pertenecer a una familia. Como explica Javier, descubrir que ese joven ha dejado una familia atrás y que «es querido, aunque esté aquí sólo y sin nada» cambia por completo la forma de mirarlo al descubrir la profundidad de su deseo.
Un mensaje para el futuro
La visita de León XIV llega como un impulso para recordar los cuatro verbos que deben guiar nuestra respuesta: acoger, proteger, promover e integrar. Este coloquio no es solo una crónica sobre la migración, sino una invitación directa a abandonar la indiferencia y abrir espacios de hospitalidad real en nuestra vida cotidiana.
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Fuente. https://conelpapa.es/
