Lluís Companys: golpista en 1934, presidente del terror en 1936 y fusilado tras un consejo de guerra en 1940
Proclamó un golpe contra la República en 1934, presidió una Cataluña con miles de asesinados sin juicio y fue fusilado en Montjuïc el 15 de octubre de 1940 tras un consejo de guerra.
RedacciónLectura 3 min

Lluís Companys presidió la Generalitat entre 1934 y 1939: se alzó contra la República que decía defender, gobernó una Cataluña donde miles de personas fueron asesinadas sin juicio y acabó fusilado en Montjuïc el 15 de octubre de 1940 tras un consejo de guerra. Vista desde la democracia y los derechos fundamentales, su figura es justamente lo contrario del icono que hoy vende el separatismo.
El golpe de 1934: contra la República, no a su favor
Lluís Companys, dirigente de Esquerra Republicana, accedió a la presidencia de la Generalitat en enero de 1934 tras la muerte de Francesc Macià. Nueve meses después, el 6 de octubre de 1934, proclamó el «Estado catalán» dentro de una supuesta República federal española, en plena huelga revolucionaria contra el Gobierno legítimo de la Segunda República. Fue, en los hechos, un golpe contra el orden constitucional: el general Batet lo sofocó en unas horas y Companys fue condenado a 30 años de prisión por rebelión militar.
El Frente Popular lo amnistió en febrero de 1936, nada más ganar las elecciones. El indulto a quien se había levantado contra la República no le hizo más leal a ella: le devolvió la presidencia cinco meses antes de la guerra.
1936-1939: miles de asesinatos bajo su presidencia
Tras fracasar la sublevación militar de julio de 1936 en Barcelona, Companys entregó el poder de facto a los comités armados con una frase que resume su abdicación: «Hoy sois los dueños de la ciudad». Durante meses, la Generalitat que presidía no ejerció el monopolio de la fuerza ni protegió a sus gobernados: checas, detenciones arbitrarias y «paseos» se convirtieron en rutina, y las iglesias ardieron por toda Cataluña con centenares de sacerdotes y religiosos asesinados.
El historiador Josep Maria Solé i Sabaté, referencia académica en la represión de la retaguardia catalana, cifra en torno a 7.000 las personas asesinadas en Cataluña entre 1936 y 1939; otros recuentos con nombre y apellido elevan la cifra por encima de 8.000. Fueron víctimas por sus ideas, por su fe o por su condición social, sin juicio ni defensa: la negación más absoluta de los derechos fundamentales que el separatismo actual dice invocar.
La violencia tampoco respetó a la propia izquierda: en los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona murieron varios centenares de personas en enfrentamientos entre facciones republicanas, y el dirigente del POUM Andreu Nin fue secuestrado y asesinado por agentes del aparato comunista sin que la Generalitat de Companys investigara ni castigara a nadie.
El daño a España
Companys dañó a España dos veces: en 1934, al intentar romper el orden republicano desde una institución que la República misma había creado, y entre 1936 y 1939, al presidir sin corregirlo un territorio entregado al terror de los comités. Su legado no es el de un demócrata perseguido, sino el de un gobernante que miró hacia otro lado mientras se asesinaba impunemente a miles de sus gobernados.
Exilio, entrega y fusilamiento
En enero de 1939 huyó a Francia. La Gestapo lo detuvo en La Baule el 13 de agosto de 1940 y lo entregó a las autoridades españolas. Un consejo de guerra sumarísimo, celebrado el 14 de octubre en el castillo de Montjuïc, lo condenó a muerte por rebelión militar; fue fusilado la madrugada del 15 de octubre de 1940, a los 58 años, y rematado por un brigada de la Policía Armada, según reconstruyó la documentación del juicio. Franco rechazó todas las peticiones de clemencia.
Companys no fue un mártir de las libertades: fue un golpista amnistiado que gobernó sobre miles de cadáveres sin nombre, y cuya muerte a manos del franquismo se convirtió en coartada para blanquear su vida.
Fuentes: Proclamación del Estado Catalán de 1934, ABC (juicio de 1934), El País (el fusilamiento) y la obra de J. M. Solé i Sabaté sobre la represión en la retaguardia catalana.



Deja tu comentario