El nuevo informe de la agencia de la ONU para la protección de la infancia retrata una situación dramática para los niños que se está produciendo antes del pico estacional caracterizado por una sequía extrema. Contribuyen las epidemias recurrentes, los bajos niveles de cobertura de vacunación, los insuficientes servicios de agua e higiene y saneamiento, y la brusca reducción de la financiación internacional.
Hay otra guerra que se libra en Afganistán fuera del radar de los medios internacionales. Menos visible que los enfrentamientos a lo largo de la frontera con Pakistán, menos ruidosa que las explosiones y los atentados terroristas que siguen sembrando el país de destrucción, pero igual de devastadora. Es la guerra contra el hambre. Y las primeras víctimas vuelven a ser los niños. Mientras en las provincias orientales sigue siendo alta la tensión entre el gobierno talibán e Islamabad, con acusaciones mutuas de albergar grupos armados y una situación de inseguridad permanente, UNICEF lanza una advertencia que no puede caer en el silencio: 3,7 millones de niños afganos menores de cinco años están actualmente expuestos a un riesgo creciente de desnutrición aguda que, como es sabido, si no se trata, puede ser mortal. Una cifra que refleja la magnitud de una crisis alimentaria agravada por el colapso de la economía, la reducción de la ayuda internacional, los efectos de la sequía y el retorno forzoso de cientos de miles de refugiados desde Pakistán e Irán, necesitados de asistencia.
Criticidad climática
El nuevo informe de la agencia de la ONU para la protección de la infancia, «Too Little, Too Late: The Diet Crisis Facing Young Children in Afghanistan», retrata además una situación que está empeorando con una preocupante anticipación respecto a años anteriores. El período comprendido entre mediados de julio y septiembre representa tradicionalmente la época de mayor incidencia de la desnutrición aguda: las reservas alimentarias de las familias se agotan antes de las nuevas cosechas, aumentan las enfermedades intestinales favorecidas por el calor abrasador, la escasez de agua potable y la sequía. Este año, sin embargo, debido al cambio climático, la crisis ha comenzado a manifestarse incluso antes de la llegada del período más crítico, suscitando el llamamiento y la preocupación de las organizaciones humanitarias.
Situación peor que en 2025
Los datos recopilados por el Clúster de Nutrición de las Naciones Unidas muestran que la desnutrición aguda ha empeorado en 26 de las 34 provincias afganas en comparación con 2025. Ya el pasado mes de marzo, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) había advertido que los recortes de fondos impedirían tratar al menos a 200.000 niños afectados por desnutrición durante 2026, y las cifras de UNICEF muestran una tendencia al alza. El elemento más alarmante se refiere a los niños más pequeños, comprendidos en el grupo de 0 a 5 años. Los menores de dos años representan el 83 % de los casos de desnutrición aguda grave y el 77 % de los casos de desnutrición moderada, precisamente en la fase decisiva para el desarrollo cerebral, físico e inmunitario.
Oyewale: los niños están en peligro
Por primera vez, UNICEF ha relacionado el estado nutricional de los niños con el nivel de inseguridad alimentaria de sus familias en todas las provincias del país. De ello surge una especie de sistema de alerta temprana: mucho antes de que un niño sea diagnosticado con desnutrición, la familia comienza a eliminar alimentos nutritivos de la dieta, a reducir drásticamente las porciones e incluso a saltarse comidas. Los más afortunados comen una sola vez al día y nunca consumen una comida completa. Es en ese momento, explican los expertos, cuando es necesario intervenir. «Los niños pequeños en Afganistán están en grave peligro», advierte Tajudeen Oyewale, representante de UNICEF en el país. «Estos nuevos datos nos ofrecen la oportunidad de actuar antes de que los niños alcancen la fase de desnutrición grave. Cuando las familias empiezan a reducir las comidas o a limitar el consumo de alimentos nutritivos, no se trata solo de un signo de dificultad: es una señal de alarma que indica que un niño podría llegar pronto a un estado de desnutrición aguda», desarrollando otras patologías importantes relacionadas con el mal funcionamiento de los órganos vitales.
Epidemias y escasez de servicios de agua, higiene y saneamiento
Según el informe, un niño que vive en una familia afectada por una grave inseguridad alimentaria tiene una probabilidad hasta seis veces mayor de desarrollar desnutrición aguda durante el pico estacional. Sin embargo, la escasez de alimentos es solo una parte del problema. La población infantil se vuelve aún más vulnerable debido a las epidemias recurrentes, los bajos niveles de cobertura de vacunación, los insuficientes servicios de agua, higiene y saneamiento, y la reducción progresiva de la asistencia sanitaria provocada por la contracción de la financiación internacional. En los últimos meses, numerosas clínicas y equipos sanitarios móviles han reducido sus actividades o se han visto obligados a cerrar, dejando sin asistencia a muchas comunidades rurales.
Una crisis global
Cinco años después del regreso de los talibanes al poder, Afganistán sigue siendo escenario de una de las crisis humanitarias más graves del planeta. Las sanciones, la congelación de parte de los recursos financieros del país, el colapso del empleo, los fenómenos climáticos extremos y la drástica reducción de la cooperación internacional han erosionado progresivamente la capacidad de las familias para garantizar una alimentación adecuada a sus hijos. En este escenario, la desnutrición no es solo una consecuencia de la pobreza, sino el punto de llegada de una crisis que afecta a la salud pública, la seguridad, el acceso al agua, la educación y la protección social. Por ello, UNICEF insiste en la necesidad de superar la lógica de la emergencia. «Los tratamientos salvan vidas, pero también debemos invertir en la prevención, empezando por la alimentación de los niños más pequeños y de las mujeres embarazadas», subraya de nuevo Oyewale.
El llamamiento de UNICEF
La agencia de las Naciones Unidas pide, por tanto, a los donantes internacionales financiación inmediata para reforzar el programa «First Foods», destinado a los niños de entre seis y veintitrés meses, fortalecer los servicios preventivos de nutrición e integrar las intervenciones sanitarias con las destinadas a garantizar el acceso al agua potable, la higiene y la protección social.
Fuente: https://www.vaticannews.va/
