Son numerosas las condenas procedentes del mundo político e institucional por lo ocurrido la mañana, 29 de marzo, al cardenal Pizzaballa y al padre Ielpo, a quienes la policía israelí detuvo en Jerusalén a la entrada de la iglesia.
Ha causado revuelo la noticia del 29 de marzo, sobre la imposibilidad del cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, y del custodio de Tierra Santa, el padre Francesco Ielpo, de acceder a la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén para celebrar la misa del Domingo de Ramos. Una decisión llevada a cabo por la policía israelí.
Muchos líderes políticos han alzado la voz para condenar lo ocurrido. El Ministerio de Asuntos Exteriores palestino, en X, ha calificado el suceso de «un crimen que afecta tanto al mundo cristiano como al islámico» y que «requiere una intervención internacional urgente»; «una flagrante violación de los derechos fundamentales del pueblo palestino, en primer lugar la libertad de culto», una ofensa a la sensibilidad de quienes comparten la sacralidad de Jerusalén y su estatus religioso.
También llegaron palabras de condena por la decisión de la policía israelí por parte del presidente francés Emmanuel Macron en X. En su publicación, aseguró su pleno apoyo a los representantes cristianos y recordó «el preocupante aumento de las violaciones del estatus de los lugares sagrados en Jerusalén».
El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, se refirió en las redes sociales a una «ingerencia excesiva», recordó el límite de 50 personas en el interior de los lugares sagrados —una medida del Gobierno israelí para garantizar la seguridad— y señaló que la delegación del cardenal Pizzaballa y del custodio Ielpo estaba compuesta por 4 personas, «muy por debajo de dicho límite». «Es difícil de comprender o justificar», explicó el diplomático.
El presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Bundestag, Armin Laschet, ha subrayado en las redes sociales que «negar al cardenal el acceso al lugar más sagrado del cristianismo es inaceptable». «Se trata —ha añadido— de puro acoso, carente de toda sensibilidad o comprensión». «La denegación —se lee en el perfil X del Ministerio de Asuntos Exteriores de Portugal— merece la más firme condena» e invita a las autoridades israelíes «a garantizar y proteger la libertad de religión y de culto».
En Italia ha tenido una gran repercusión lo ocurrido. La primera ministra Giorgia Meloni ha expresado la solidaridad del Gobierno italiano con el cardenal Pizzaballa y el padre Ielpo. «El Santo Sepulcro de Jerusalén es un lugar sagrado para la cristiandad y, como tal —subraya—, debe preservarse y protegerse para la celebración de los ritos sagrados. Impedir el acceso al mismo constituye una ofensa no solo para los creyentes, sino para toda comunidad que reconozca la libertad religiosa».
Lamento por lo ocurrido y plena solidaridad con las comunidades cristianas de Tierra Santa. Así lo ha expresado también por teléfono el cardenal Matteo Zuppi, presidente de la CEI, al cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, por lo sucedido esta mañana. «En nombre de los obispos italianos —afirma el cardenal—, manifiesto mi indignación por “una medida grave e irrazonable”, compartiendo lo declarado en el comunicado conjunto del Patriarcado y de la Custodia. Se ha tratado de un hecho doloroso para los muchos cristianos que, al vivir en esas tierras, representan un testimonio esencial de esperanza para todos los pueblos en contextos de división y conflictos».
Tras el comunicado conjunto del Patriarcado Latino de Jerusalén y de la Custodia de Tierra Santa, en el que se ponía de manifiesto la gravedad de lo ocurrido y se calificaba la decisión de «medida claramente irrazonable y gravemente desproporcionada», el presidente israelí Isaac Herzog publicó un mensaje en X expresando su «profundo dolor por el lamentable incidente». Aclaró que había llamado por teléfono al cardenal Pierbattista Pizzaballa, subrayando que la decisión se había tomado por razones de seguridad y por la amenaza de ataques con misiles por parte de Irán.
Las palabras del presidente siguen a las de la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, con la promesa de elaborar un plan para permitir las celebraciones en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, pero siempre respetando plenamente las medidas de seguridad. Aseguran que «no hubo ninguna intención maliciosa», pero la prohibición de acceso por parte de la policía israelí, reiteró la oficina del primer ministro en X, se debió «únicamente a la preocupación por su seguridad y la de su séquito».
Fuente: https://www.vaticannews.va/
