Cáritas constata la dificultad de las mujeres que acompaña para mantener una vivienda estable, un empleo compatible con los cuidados y el acceso a una regularidad administrativa que le permita salir de la pobreza
La brecha de género es profunda en los hogares monoparentales y mucho más si la sustentadora principal es una mujer migrante. Según el IX Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social, el 44,4% de las familias monoparentales encabezadas por una mujer están en exclusión social en nuestro país, casi el doble que las sustentadas por hombres (26,8%).
Esta falta de igualdad entre hombres y mujeres mueve a Cáritas a visibilizar y denunciar, con motivo del Día Internacional de la Mujer, las múltiples barreras que deben afrontar las mujeres que acompaña. En los distintos programas de Cáritas, las mujeres representan el 65% de las personas atendidas. El perfil predominante es el de mujeres mayores de 45 años, con estudios básicos y, cada vez más, mujeres migrantes.
“El género continúa siendo uno de los factores que más condiciona la posición social, las oportunidades y la vulnerabilidad”, explica Leticia Escutia, responsable del programa de Mujer de Cáritas Española.
Durante 2025, la mayoría de las personas acompañadas fueron madres solas sustentadoras de hogares enteros con pocos recursos; mujeres migrantes expuestas a empleos extremadamente precarios y a dificultades para regularizar su situación; mujeres mayores con pensiones insuficientes y redes de apoyo debilitadas y mujeres en zonas rurales con menor acceso a servicios esenciales.
“En todas ellas se repiten patrones muy claros: dificultad para acceder o mantener una vivienda estable; obstáculos para el acceso a un empleo digno y compatible con los cuidados; sobrecarga mental y física por asumir en solitario los cuidados y la economía del hogar y procesos administrativos lentos que complican aún más su salida de la pobreza”, indica Escutia.
Pese a la reducción general del desempleo, la brecha de género persiste. En 2025, el paro femenino fue del 11,24% frente al 8,76% de los hombres, y las mujeres siguieron cobrando un 16% menos. A ello se suma la alta parcialidad involuntaria (las mujeres representan el 72% de los contratos a tiempo parcial), la carga desproporcionada de los cuidados, la segregación laboral (horizontal y vertical), la brecha digital y la alta presencia de mujeres en la economía sumergida, especialmente en empleos como hogar, cuidados o limpieza.
Ante esta realidad, Cáritas reivindica el acceso al mercado laboral en igualdad de condiciones, con trabajos dignos y sin discriminación de género. Se exige la formalización del empleo en sectores precarizados como el doméstico, agrícola y de servicios, así como la eliminación de barreras administrativas para las mujeres migrantes, garantizando permisos de residencia y trabajo justos. También se demanda el reconocimiento social y mejores condiciones laborales para trabajos esenciales desempeñados mayoritariamente por mujeres.
“A pesar de las dificultades, muchas mujeres han logrado salir adelante, demostrando una enorme fortaleza, resiliencia y capacidad de superación. Han enfrentado violencia, discriminación y barreras sistémicas, pero con el apoyo adecuado y el acceso a oportunidades, han conseguido transformar sus realidades y construir un futuro digno para ellas y sus familias”, indica la responsable del programa de Mujer de Cáritas Española.
Fuente: https://www.caritas.es/
